Reflexión, terrorismo poético y zonas temporalmente autónomas.

Revista Biográfica, Septiembre 2015

 

Podemos así contemplar acciones estéticas que posean algo de resonancia

del terrorismo (o de la “crueldad”, en palabras de Artaud) que apunten a

la destrucción de abstracciones más que de la gente, a la liberación

más que al poder, al placer más que al enriquecimiento, a la alegría más que al miedo.

Hakim Bey

 

GRABADO PANCHO 1
Xilografía/Poliester “el sueño de Zamboni” 2015

 

Las zonas temporalmente autónomas (TAZ), propuestas por el autor Hakim Bey, es un concepto que se le atribuye a “espacios liberados”. Estos espacios cuentan con las características de la autonomía y la invisibilidad al control de los sistemas en que se desenvuelven. Surcos en que se desarrolla la potencialidad de la creatividad y disidencia a las estructuras formales.

El autor parte su análisis desde la analogía con la piratería de antaño, donde la “ilegalidad” era el potencial para nuevas dinámicas sociales (o “anti-sociales”). Asimismo las ocupaciones pueden presentarse, también, como pequeñas TAZ. Sin embargo, existen otras instancias aún menos visibles como las artes.

Para José Luis Brea la difusión de la imagen, las tecnologías de difusión y comunicación del conocimiento artístico, otorga nuevos potenciales más allá de la producción y reproducción tradicional, dejando en cuestión incluso los límites de esta dicotomía. Y es en esta ruptura con la tradición del sistema-arte donde se abren los espacios a las TAZ: es necesario atentar contra la estabilidad aurática de la obra (el aura como contemplación exclusiva, en tanto burguesa), en este sentido la reproducción técnica y la obra diluyen sus distancias. Volviéndose, así, más accesibles y en comunicación directa. Siempre considerando el doble filo de la tecnología, tanto liberadora como enajenante.

Probablemente las expresiones de la lira popular irrumpieron de igual forma (como una proto-TAZ y a comienzos de la era de la reproductibilidad técnica). Sin embargo, así como cada ruptura de la institución-arte, tiene un futuro de asimilación y posterior regulación mediada por sus estructuras­  -al igual que la imagen técnica la lira era efímera y contingente, era un acontecimiento más allá de la representación- Para Brea es la red, el internet (el net-art) y la imagen técnica que devuelven este relato temporal (contingente) al arte, la obra se hace narrativa. La obra se deslocaliza y multiplica su difusión. Las herramientas tecnológicas de reproducción permiten en este sentido una apertura del arte, a no seguir existiendo separadamente de la realidad como institución-arte; volcándonos a su disolución temporal hasta su regulación inevitable, a menos, claro, que la TAZ se disuelva sin ser absorbida (quizá este fue el porvenir de la lira popular).

Por su parte, la difusión del grabado por revistas, videos, fotografía o en las dinámicas que ha marcado la asociación, demostraciones, redes sociales, seminarios, dialogan con formas más tradicionales de las TAZ como la acción colectiva, la autonomía individual, etc. Y a su vez dialogan con las formas tradicionales de producción. Estas prácticas comunicativo-creadoras son en efecto: políticas e ideológicas. Desde situarse en la ciudad epicentro de la política y la vida pública hasta la difusión en forma de acción cultural y artística con las distintas demostraciones de grabado y puntos de encuentro para la discusión y la acción colectiva sujeta a fines prácticos. Además del realce de la importancia de los procesos del grabado y del grabado mismo como técnica de soporte para la no-enajenación a la tecnología. Todo esto generando la construcción de nuevos saberes artísticos no institucionalizados aún.

El terrorismo poético (TP) por su parte surge como una vía de la TAZ, tanto como proposición, práctica y teoría estética a la vez. En consecuencia es tanto un sabotaje de los arquetipos, como un ataque de las ideas que sostienen la institucionalización. No es otra propuesta de vanguardia, ni una muerte del arte; porque de todas formas hasta las vanguardias fueron asimiladas, (además no me causan confianza “nuestros liberadores”).

Como dice Bey, el TP cumple los objetivos de la brujería, cambiar la estructura de la realidad con la manipulación de los símbolos vivos, que nos sirvamos de una teoría estética de arte caótico que pueda hacer de monstruo o incluso de grand guignol (estilo de teatro provocador), este choque estético debe ser tan intenso como la agitación del terror (asco penetrante, excitación sexual, asombro supersticioso, angustia Dada, ruptura intuitiva repentina), sólo si llega a causar tal impacto funciona.

Finalmente, la imagen debería ser un contra-atentado a la industria cultural, tanto como una forma distinta de impacto, no en el orden de la espectacularidad hegemónica, sino un ataque a aquellas ideas. En este sentido es una imagen potente el proceso del grabado que deviene en acción directa.

Una de las potencialidades que vislumbra el TP es que si la audiencia se ha disuelto en esta época, ha recuperado su inocencia algo que se ve en las prácticas culturales de mediación artística como forma no invasiva de acercar el arte a las personas y su recepción más empoderada desde sus propios bagajes culturales. Generar un recelo positivo en el público. Naturalizarnos en el arte es incitar a imaginar y crear. La naturaleza no tiene leyes sólo costumbres. El mejor TP está contra la ley… Arte como crimen; crimen como arte.

 Anteo (Francisco Palma)

Referencias:

Bey, H. (2010) Caos. “Selección de comunicados de la AAO”. Ediciones Sin Nombre: Concepción.

Bey, H. (2010) Caos. “Zona temporalmente autónoma”. Ediciones Sin Nombre: Concepción.

Brea, J. (2002) La era postmedia. “Net.art: (no)arte, en una zona temporalmente autónoma. Editorial Centro de Arte de Salamanca: Salamanca.